Demasiadas veces hemos escuchado que el cariño no se paga con dinero y no sé, si eso nos ha llevado a cierta confusión sobre la gratuidad del mismo.

Puede que a veces demos cariño a quien no quiere recibirlo y sea muy difícil aceptar que se rechace o ignore nuestro afecto. Habitualmente esta situación toca con el sentimiento de impotencia y sus consiguientes emociones, generando la dificultad de aceptar la frustración de no ser correspondido.

Pero más veces de las que nos gustaría admitir, surge recibir cariño que nos viene muy bien pero no devolvemos “nos dejamos querer”. Además, creemos que tiene que ser incondicional, por lo que no podemos ni imaginar qué sentiríamos si dejásemos de recibirlo y por supuesto, no nos damos espacio para apreciar cómo se encuentra quien nos da ese cariño, pero no lo recibe.

Si tienes un rato y te apetece, puedes dedicar unos minutos a reflexionar sobre esto y buscar en tu vida si aparece esta circunstancia. Una vez localizado, toma conciencia de cuál es la situación, pueden haberte surgido preguntas como: qué tipo de cariño me das, lo que me llega es lo que necesito de ti, qué quiero darte, cuánto soy capaz de mirarte y reconocerte. Una buena alternativa es hablar con el otro de lo que has observado; conectaríais con distintas perspectivas y sentimientos, procurándose así la oportunidad de entenderos.

Pilar Pérez Roldán

Consultora de salud integral

(Heilpraktiker, Psicodramatista

 e instructora de Chi kung)

www.pilarperezroldan.com

 

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